martes, 12 de marzo de 2013

¿Siempre dejo todo para el final?, Te damos las claves para hacer todo a tiempo y sin agobios.


¿Siempre dejo todo para el final?, Te damos las claves para hacer todo a tiempo y sin agobios.


 

La historia se repite. Crees que tienes tiempo de sobra para terminar ese trabajo de la Universidad, para entregar el informe que te pidió tu jefe hace unos días. Pero al final, acabas estudiando la noche anterior al día del examen, entregas los trabajos con retraso y además, sueles llegar tarde a tus citas. Cuando sales de esta, te prometes que no te volverá a pasar. Pero la verdad es que te vuelves a ver en esa situación una y otra vez.

 “El típico perfil del que llamamos el postergador es aquella persona que suele planifica muchas cosas y no las realiza o las hace tarde y con prisas”, explica Patricia Alonso, de Adal Psicólogos. Las causas pueden ser muchas aunque suele darse una “falta de organización, marcarse expectativas demasiado altas a las que se pueden conseguir, afán de perfeccionismo e incluso pereza o dejadez”, añade la psicóloga.

Cuando esta actitud es habitual en la vida, esta actitud acaba teniendo repercusiones en el entorno social o laboral de estas personas. No sólo puedes perder el respeto por ser el que siempre llegas tarde o entregas los trabajos con retraso. Lo peor es que esto crea malestar y sufrimiento. Vas postergando el trabajo, especialmente lo más importante, y cuando se acerca la fecha de tenerlo listo te agobias y te sientes culpable. 

“Es como un bucle que se repite una y otra vez. Acabas siendo consciente de que siempre te ocurre lo mismo y que no eres capaz de cumplir tus planes a tiempo. Y eso repercute en una baja autoestima”, explica Patricia Alonso. 

Sin embargo, la postergación es algo que se puede cambiar. Necesitarás más o menos esfuerzo para lograrlo, empezando por reconocer que tienes ese problema y desear cambiarlo. Te damos algunas recomendaciones para que lo consigas.

 

Objetivos realistas. Márcate objetivos a corto y a largo plazo. Pero que estos sean coherentes y acordes a tus capacidades y a tus recursos. Ponte fechas límites para cumplirlo, así tendrás una obligación que cumplir. Organízate y establece un horario, dando prioridad a las tareas más importantes.

 

Saber decir que no. Intenta dinamizar tus actividades para no caer en los malos hábitos, como la desidia o la parsimonia. También es importante saber decir que no a aquello que puede sobrecargar nuestra agenda o que no es tan importante como otras cosas.

 

Analiza porqué retrasas la acción. ¿Qué recompensas obtienes de postergar las cosas o al tomar el camino más fácil? Puede ser que intentes evitar la ansiedad, que tengas un miedo excesivo a recibir malas críticas, a decepcionar o a equivocarte. Demorar este momento puede producir la sensación de alivio en ese momento, pero tarde o temprano tendrás que enfrentarte a ello.

 

Responsabilízate de cada aplazamiento que hagas. No vale echarle la culpa al tráfico, al dolor de cabeza, al niño que no duerme… Salvo causas realmente justificadas, tú eres el único responsable de estar perdiendo el tiempo. Analiza todas las excusas que te cuentas para evitar un trabajo y anota el tiempo que invertiste en ello.

 

Empieza ya. Te costará más darle vueltas que ponerte manos a la obra cuanto antes, sin pensarlo demasiado. El momento de empezar es ahora, no es dentro de un rato o cuando sea el momento propicio. 

 

Acaba siempre las cosas. Procura no empezar un trabajo nuevo antes de terminar el que estás haciendo. Te sentirás estupendamente cuando finalices alguna de las tareas u obligaciones que tienes pendientes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario