¿Siempre dejo todo para el final?, Te damos las claves para hacer todo a
tiempo y sin agobios.
La
historia se repite. Crees que tienes tiempo de sobra para terminar ese trabajo
de la Universidad, para entregar el informe que te pidió tu jefe hace unos días.
Pero al final, acabas estudiando la noche anterior al día del examen, entregas
los trabajos con retraso y además, sueles llegar tarde a tus citas. Cuando
sales de esta, te prometes que no te volverá a pasar. Pero la verdad es que te
vuelves a ver en esa situación una y otra vez.
“El típico perfil del que llamamos el
postergador es aquella persona que suele planifica muchas cosas y no las
realiza o las hace tarde y con prisas”, explica Patricia Alonso, de Adal
Psicólogos. Las causas pueden ser muchas aunque suele darse una “falta de organización, marcarse
expectativas demasiado altas a las que se pueden conseguir, afán de
perfeccionismo e incluso pereza o dejadez”, añade la psicóloga.
Cuando
esta actitud es habitual en la vida, esta actitud acaba teniendo repercusiones
en el entorno social o laboral de estas personas. No sólo puedes perder el
respeto por ser el que siempre llegas tarde o entregas los trabajos con
retraso. Lo peor es que esto crea malestar y sufrimiento. Vas postergando el
trabajo, especialmente lo más importante, y cuando se acerca la fecha de
tenerlo listo te agobias y te sientes culpable.
“Es como un
bucle que se repite una y otra vez. Acabas siendo consciente de que siempre te
ocurre lo mismo y que no eres capaz de cumplir tus planes a tiempo. Y eso
repercute en una baja autoestima”, explica Patricia Alonso.
Sin
embargo, la postergación es algo que se puede cambiar. Necesitarás más o menos
esfuerzo para lograrlo, empezando por reconocer que tienes ese problema y
desear cambiarlo. Te damos algunas recomendaciones para que lo consigas.
Objetivos
realistas.
Márcate objetivos a corto y a largo plazo. Pero que estos sean coherentes y
acordes a tus capacidades y a tus recursos. Ponte fechas límites para
cumplirlo, así tendrás una obligación que cumplir. Organízate y establece un
horario, dando prioridad a las tareas más importantes.
Saber decir que
no.
Intenta dinamizar tus actividades para no caer en los malos hábitos, como la
desidia o la parsimonia. También es importante saber decir que no a aquello que
puede sobrecargar nuestra agenda o que no es tan importante como otras cosas.
Analiza porqué
retrasas la acción.
¿Qué recompensas obtienes de postergar las cosas o al tomar el camino más
fácil? Puede ser que intentes evitar la ansiedad, que tengas un miedo excesivo
a recibir malas críticas, a decepcionar o a equivocarte. Demorar este momento
puede producir la sensación de alivio en ese momento, pero tarde o temprano
tendrás que enfrentarte a ello.
Responsabilízate
de cada aplazamiento que hagas. No vale echarle la culpa al tráfico, al
dolor de cabeza, al niño que no duerme… Salvo causas realmente justificadas, tú
eres el único responsable de estar perdiendo el tiempo. Analiza todas las
excusas que te cuentas para evitar un trabajo y anota el tiempo que invertiste
en ello.
Empieza ya. Te costará más
darle vueltas que ponerte manos a la obra cuanto antes, sin pensarlo demasiado.
El momento de empezar es ahora, no es dentro de un rato o cuando sea el momento
propicio.
Acaba siempre las
cosas.
Procura no empezar un trabajo nuevo antes de terminar el que estás haciendo. Te
sentirás estupendamente cuando finalices alguna de las tareas u obligaciones
que tienes pendientes.
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